Lombardía y el ciclismo auténtico

transparent-clasicas-italianas

Castelli, “salita”, Pinarello, Bianchi, Fausto, Madona del Ghisallo, Superga, Gino, Sormano, Constance, Santuario di Luca, Gios, Como, el lago y sus valles, Gianni, Vincenzo,… Italia es ciclismo, ciclismo mayúsculo, eterno, que siempre nos ha enamorado. Ahora que tenemos los medios para hacerlo no queríamos perder la oportunidad de rendir tributo al ciclismo italiano, diseñando y fabricando a mano una prenda especial para la ocasión.

Muchos italianos pululan por las salidas de la Vuelta a España, inquietos, afinando la forma, cuidando la figura. Están concentrados al 110%. “¿Vais al mundial” les dices. “Sí, al mundial, y a Lombardía”. Es su monumento, el monumento, ese que algunos ven ahí, en octubre, lejos de los otros cuatro, pero que es un canto al ciclismo imperecedero.

Es el camino que nunca cesa, el círculo que nunca acaba. Lombardía a través de los tiempos, el ciclismo que muda, entre villas e iglesias románicas, lagos y bosques que desnudan su belleza cobriza, el ciclismo centenario, que bebió de la “belle époque”, Gino y Fausto, pero de los que vinieron después. Porque si el ciclismo es eterno en algún sitio, pensad en Italia.

Como toda grande que se precie, Lombardía nació para el relato de la prensa. Era el titular de la época, el que gustaba y duplicaba tiradas. La Gazzetta dello Sport sacó de cero la carrera. Era otoño, otoño de 1905, la Italia del norte, la que conectaba con la Europa que vivía en la efervescencia de miles de cambios que la acechaban.

Titulares lustrosos y grandes sobre fondo rosa: “Un critérium de otoño”. Pensaron en noviembre, y un mes antes lo anunciaron, querían probar a los corredores en medio del incipiente invierno. 53 probaron las “delicias” del trazado, saliendo del sur de Milán, de enfrente de una trattoria, de nombre Boschetto in Rogoredo, a las seis de la mañana de un doce de noviembre. Un tal Romolo Buni dio la salida ondeando la tricolor. Buni era prehistoria itálica, estrella de la pista, se había medido contra el caballo de Buffalo Bill.

Y Lombardía creció, y vivió la época dorada, que arrancó Alfredo Binda, el corredor cuya ausencia en el Giro estaba remunerada para dar opciones a los rivales que siguió la estela de Constance Girardengo y que vio el florecimiento de un toscano que leyó Dante y comprendió a Miguel Ángel, Gino Bartali, quien antecedió a Fausto Coppi, la leyenda que atravesó generaciones y corazones.

Coppi ganó su quinto Lombardía en 1954, lo pudo hacer a los años, pero lo evitó Darrigade. Luego no hubo grande italiano que no escribiera su nombre en Il Lombardia: Bitossi, el ciclista del corazón loco, Gimondi, Moser, Saronni, Baroncheli, Bartoli, Cunego, Bettini y Nibali como síntoma de que aquí, el alma de ciclismo italiano que sobrevive a los tiempos como el garante de la tradición auténtica.

Texto preparado por Iban Vega de www.joanseguidor.com

Comprar

casual-cycling-polo-italia

Manuel Palomeque